August 29, 2007: Bitácora de una visita a una agencia del BNCR

Me he tomado el tiempo para describir mi experiencia, detallada, de una visita a una agencia del Banco Nacional de Costa Rica.

No emito juicios respecto al servicio, solo describo como sigue:

Tarde del 29 de agosto, 2007.

Después de postergar esta tarea, decido abordar de frente el asunto: debo ir a la sucursal del Banco Nacional de Costa Rica (BNCR), en el Mall El Dorado, en Calle Blancos, y retirar la reposición de una tarjeta Servibanca, que por deterioro ya no es funcional. La solicitud la hice el 31 de Julio, del mismo año, pero no había prioridad para reclamar el nuevo plástico.

Amigos del BNCR, quienes resultado de varios estudios internos, han logrado identificar que los miércoles son un buen día para ir al banco. Menos congestión que de costumbre. Esto me motiva más y con afán explorador salgo hacia la agencia del BNCR.

Al llegar al pseudo-mall (por que en nuestro país a cualquier aglomerado de tienditas bajo techo le llaman mall), me encuentro con un solo espacio para aparcar, y con premio incluído: los dos conductores que estacionaron en los espacios vecinos dejaron ese único espacio disponible, tipo sandwich, y cada quien invadió al menos veinte centímetros del lugar que yo podría usar. Ni modo: a maneobrar. Sin raspones, pero medio acalorado, terminé de estacionar.

Listo. Vamos al banco.

Dos puertas. Las dos con el horario de atención. Horario vespertino-nocturno. Muy conveniente para mis circunstancia. Bien. Puerta derecha. Cerrada. No tiene nada que impida cometer el error. Asumo que la otra puerta si está abierta. En efecto.

El vigilante me abre la puerta y me detiene con el detector de metales.

“Ahí”-me dice el encargado de seguridad.

¿Ahí?- contesto

Él señala un mueble a mi mano derecha, que a la altura de mi cintura, tiene una recipiente color celeste.

-Entiendo. Usted quiere que coloque todo objeto metálico que yo porte conmigo, “ahí”.

Ahí-me contesta.

Coloco en el baldecito monedas, billetera y celular.

El detector indica que en bolsillo derecho hay algo más. ¡Voilá! Una moneda de 100 colones.

Listo. Vamos a…¿a dónde? Hmm…¡A plataforma de servicio! (asumo que si viene hace un mes allí, pues ahora debe ser igual)

Tomo ficha. Número 59. La pantalla indica que el conteo se detuvo en el 56. Miro alrededor: pura vida. Los miércoles no hay nadie. Solo hay una persona siendo atendida, y yo con el 59.

Sillas de brazos metálicos, no muy “acolchonadas” en respaldar y asiento. “Si la espera se extiende, las nalgas me van a quedar planas…más de lo que ya son”.

Hora de llegada a la silla: 3:01pm. Anoto.

“¡Ah, el celular!, si me llaman el vigilante me regaña”. Me apresuro a sacarlo de la bolsa de mi camisa, para apagarlo o silenciarlo. Ser el único en espera me daba la exclusividad de vigilancia; un uno-a-uno en donde cualquier cosa que uno haga tiene al vigia atento sobre el más mínimo acto sospechosos. Desembolso el celular y el vigilante corre tres metros desde la puerta (cerrada con llave) y con el mismo detector de metales apunta y me dice autoritariamente:

“Señor, no se permite el uso de celulares”

“Lo sé,gracias. Lo estoy a
pagando”

El vigilante sonrie agradado (especulo: el agradado del poder, es muy freudiano)

Suenan golpecitos de “knock, knock” en la puerta, y no es el Gran Combo, por que hace “ring, ring”. Una cliente aguarda. El vigilante corre de vuelta tres metros, del manojo de llaves que le cuelgan del pantalón, saca una llave, abre con agilidad la puerta, y en ese momento logro percatarme del poco espacio que se abre para poder entrar.

Una joven mujer ingresa. Tiene rasgos anglosajones, de cabello rojizo, con facha de turista, y me digo a mi mismo: “veamos que pasa” (muy a lo tico).

Predicho:

“I need to withdraw some cash, Is this ATM able to work with an European VISA card, sir?”- dice la jovencita.

Ahí- dice el guarda, y señala con el detector de metales a las cajas.

“¡Ahí!, que vaina”-me digo para mí

“No, the ATM. Can I use it with this type of VISA?”

Yes, vea, ah…hmm…a…, afuera, VISA, yes, thank you- dice el señor.

OK. I´ll try-ella sonrie, y sale de la agencia.

Justo al salir, la extranjera se encuentra con un nuevo cliente que ingresa a la agencia. Un mensajero que cubierto por su abrigo impermable, de forma hábil muestra el contenido de su maletín al vigilante. Es un hombre de unos cuarenta años que de inmediato toma una ficha y se sienta en el asiento tras de mi.

Han transcurido diez minutos. 3:10pm y no ha anticipos de que la plataforma de servicios esté próxima a dar de alta al cliente que atiende mientras yo espero.

El mensajero se denota ansioso, y no para de ver su reloj y empieza a preguntar:

¿Qué? ¿Cómo está la vara? ¿Se mueve?- me pregunta

Bueno…solo hay una persona atendiendo, y yo estoy aquí desde hace diez minutos, esperando a que ese muchacho salgo atendido…así que..-me enconjo de hombros y hago una mueca con la boca como quien se oprime una mejilla.

Ah no, voy jalado. Tengo muchas vueltas que hacer-Se pone de pie, y le pide al guarda que le abra la puerta.- el mensajero.

Supongo que mientras platicabamos el mensajero y yo, ingresó a la fila de espera otro caballero, pues de repente lo vi sentado cerca de mí.

El vigilante aborda a este nuevo cliente, y le pregunta con amabilidad:

“¿Usted a qué viene?

Yo vengo a pedir un estado de cuenta, para poder hacer otros asuntos-contesta el señor, con asento no muy costarricense

¿Y usted?- me pregunta a mi el guardian.

Yo vengo a retirar una tarjeta que pedí nueva por que se me deterioró la otra- le contesto.

¡Ah!, pero eso es aquí en este otro mostrador con la muchacha. Ella no está, pero ya viene. – el vigilante

Me pongo de pie y camino a un escritorio que parece la recepción de la agencia.

Me siento y espero, dando las espaldas a la entrada principal.

Mientras aguardo logro escuchar una voz conocida:

“Sir, the ATM did not give me the money. It seems is not working, or it does not work for my VISA, Can you help me out?”- la extranjera de rasgos anglosajones.

El vigilante ve como la muchacha le pasea la tarjeta VISA frente a su cara, y en movimiento rápido, le quita la tarjeta a la muchacha y le dice:

One moment, please- y camina hacia la plataforma.

Yo lo intercepto y me ofrezco a ayudar: “Si necesita que le traduzca, déjeme saber”.

Ok-me dice el oficial

Regresa de la plataforma de servicio, y me dice: “Dígale a la muchacha que no puede sacar plata del cajero; que tiene que ir a buscar otro”.

Adopto modo samaritano bilingüe y abordo a la extranjera:

Excuse me. It seems that your card (el vigilante me da la tarjeta y yo se la doy a la dueña), even when it is a VISA, it is not the type of VISA accepted by the this ATM . I can read here that your VISA is VISA Electron, and this ATM does not have any sticker of sign identifying the use of Electron cards. I do recommend you to look for an ATM at Novacentro in which I positively know that you will find an Electron ATM.

Le di la dirección de Novacentro, la muchacha me agradece, pero me pide que le muestre fuera de la agencia que calle tomar.

Salgo de la agencia y termino de darle la dirección. Ella camina rumbo a su anhelado ATM, y yo, boy scout retirado le puedo hacer el nudo a la pañueleta por la buena acción del día.

Toco la puerta de la agencia, y con rapidez giro la muñeca izquierda, para ver mi reloj que marca ahora 3:23pm.

El vigilante me abre la puerta agradecido, y me da las gracias. “No hay de que”.

¡Sorpresa!, el tipo con acento no-muy-tico, está sentado en la recepción y ya está siendo atendido.

Me digo a mí mismo:

“Los últimos serán los primeros, o en latiñol (mi mezcla de Latín-Español pachuco) esto es un caso de tutus batracius estripatus mortis(cito a Randall Morales, experto en “piecito”)”.

A las 3:27pm la muchacha de la recepción me mira y me dice: “Siguiente…”

Tomo asiento, y le explico que estoy en la agencia para retirar una tarjeta tramitada el 31 de Julio pasado. Saco de mi bolsillo el comprobante del trámite y de mi billetera la tarjeta plástica deteriorada y se los entrego, junto con mi cédula a la muchacha.

Ella busca (o encuentra) un libro de actas, el cual yo creo que debo firmar, pero no…”safis”. Solo ella lo firma. Luego la jovencita accede a una PC y ejecuta varias operaciones que inician un proceso de impresión.

La hoja impresa sale. Ella la toma y desprende hasta la mitad los bordes guía del papel y con gran destreza, y con una regla, corta cerca del cincuenta porciento de la hoja de papel y bota el papel sobrante.

Me pide firmar la mutilida hoja, lo cual yo hago con prontitud.

Luego me entrega mi clave de cajero automático, en papel de seguridad.

Con unas tijeras, y frente a mi, destruye la tarjeta anterior, y me dice:

“Listo. Eso es todo. Muchas gracias”.

Yo doy las gracias, me incorporo y salgo de la agencia.

3:41pm.

Miro de reojo la plataforma de servicio y el mismo prójimo sigue sentado allí. Ciao…

Y me digo: “pensar que nunca hubiese ocupado reemplazar la tarjeta si no fuera por que el código de tres dígitos en la parte trasera del plástico original, se desprendió cuando me la entregaron por primera vez, después de sacarla de una bolsita azul protectora que te entregan en el banco, ya que esa bolsita se adhiere tanto que desprendió la tinta de la impresión. Un proveedor en EE.UU me pidió fotocopia de la parte trasera de la tarjeta, y me di cuenta que no podía leer los digitos..¿causa raíz?”.

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